20 años de Cromañon

La importancia de compartir lo vivido
Cuando Daniel Vázquez compró la entrada para ir al recital de Callejeros en el boliche del barrio porteño de Once, Republica Cromañon, nunca se le cruzó la idea de que sería sobreviviente de la masacre más grande en la historia del rock. La noche que debía convertirse en un hermoso recuerdo lo marcaría para siempre, tal como también lo hizo con una parte de la sociedad.
Daniel, uno de sus amigos, y más de tres mil jóvenes llenaron el lugar que tenía capacidad sólo para 1031 personas. Era 30 de diciembre de 2004, el año ya se iba y nadie pensaba que después de que “Pato” Fontanet manifestara con ironía “¿Se van a portar bien?” ocurriría algo que abriría una herida en la historia del país.
Comenzaron a sonar los acordes a todo volumen de la primera y única canción de la noche, Distinto. Sólo se llegó a la primera estrofa del tema. En segundos el lugar se llenó de humo tóxico por el impacto de una bengala en la media sombra del techo.
La masacre de República Cromañón se llevó la vida de 194 pibes y pibas, dejó 1432 heridos y decenas de familias destrozadas. Y se estima que alrededor de 17 sobrevivientes de aquella noche se quitaron la vida en años posteriores, aunque no hay datos oficiales.
Entre las corridas, empujones, gritos y desesperación, Vázquez y su amigo lograron salir. Aunque cada diciembre regresan a ese mismo lugar en sus recuerdos.
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Después del dolor que dejó aquel 30 de diciembre de 2004 algunos sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas se organizaron para pedir justicia y memoria, y así nacieron distintos movimientos que siguen en la lucha para que algo similar no vuelva a suceder ni que se olvide lo que pasó.
No todos los que estuvieron esa noche en Cromañón se unieron a alguna organización, muchos decidieron seguir su vida sin militar, pero sin olvidar. Entre estos últimos está Vázquez y su amigo, como tantos otros. ¿Quién los puede criticar?
Daniel al día de hoy conserva la entrada intacta, porque la tenía dentro del DNI, ya que en esa época el documento era una libreta, no un carnet. Y también conserva la remera de Viejas Locas que llevó a ese recital de Callejeros.
La herida emocional, los gritos y la desesperación que vivió todavía lo acompañan. Pero, a pesar de todo el dolor que lleva en su memoria, tomó la decisión de continuar su vida y estudiar algo que lo apasionaba: Literatura. Ahora es profesor en una secundaria de Monte Grande, en provincia de Buenos Aires, y, gracias a las clases, conectó con su propia historia.
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Tras terminar el confinamiento por Covid 19, junto a una compañera de trabajo, también docente y familiar de un sobreviviente, invitaron a sus alumnos y alumnas a investigar sobre lo que ocurrió en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004.
Cuando aquel proyecto finalizó pidieron autorización a la directora del colegio para que los chicos y chicas puedan inmortalizar esa historia en un mural en un paredón interior de la Secundaria. En él se puede ver a la banda sobre el escenario y la gente que disfruta el show. Hay trapos con el logo de la banda (CJS), de Argentina, de Uruguay y de Paraguay, agitados al ritmo de las canciones. Que estén esas banderas fue idea de los y las estudiantes ya que hay personas de esas comunidades en el barrio.
En el mural escrito con grandes letras se puede leer: CROMAÑON NUNCA MAS. También se encuentra la frase: No olvidar, siempre resistir, perteneciente a la canción El nudo de Callejeros, que tras la masacre se la escucha con otro significado. Además, en aquel mural están los nombres de los que participaron en su creación.
Realizar aquel mural con sus alumnos y alumnas lo reencontró con su historia, visitó con ellos el santuario a las víctimas, que se encuentra en el lugar donde ocurrió la masacre. Después de aquella noche, sólo una vez había visitado El Paseo de Los Pibes de Cromañón.
El mural del colegio abrió un camino inesperado. Su historia continúa en el borrador de un libro que espera algún día ver la luz. Allí cuenta todo lo vivido, lo que sólo compartió con sus seres queridos. Sabe que ya es hora de compartir sus recuerdos con la sociedad, para que no olvide a los pibes y pibas de Cromañón.